Hay días en los que pienso que lo que sé no es suficiente. Que llego tarde.
Que otras personas ya están ahí, posicionadas, visibles, seguras… y yo todavía dudando.
Y no es que no tenga conocimiento. Es que no sé medirlo.
La duda no nace porque no sepa
Nace porque he pasado demasiado tiempo cumpliendo expectativas que no eran mías.
Durante años hice lo que se esperaba:
- Aprender lo correcto
- Decir lo adecuado
- Encajar
- No destacar demasiado
Y en ese proceso dejé de preguntarme algo básico: ¿qué valor tiene para mí lo que sé?
Esta sensación se parece mucho al síndrome del impostor y autovaloración, cuando dudas de tu capacidad incluso teniendo experiencia.
Compararme me hace sentir pequeña
Me comparo con personas que:
- Llevan años mostrándose
- Tienen una voz clara
- Parecen seguras de su lugar
Y entonces aparece el pensamiento:
“Yo llego tarde”
Pero en el fondo sé que no es tarde. Es miedo.
Miedo a no estar “a la altura”.
Miedo a no tener nada nuevo que decir.
Miedo a descubrir que quizá… no valgo tanto como pensaba.
Compararnos constantemente no nos impulsa, muchas veces nos paraliza, como ocurre cuando analizamos por qué nos comparamos constantemente.
Lo que más confunde es esto
Lo que para mí es normal, para otros podría ser útil. Lo que a mí me parece básico, para alguien más puede ser claridad.
Pero cuando llevas tanto tiempo mirando hacia fuera, te cuesta reconocer lo que ya hay dentro.
No dudo porque no sepa
Dudo porque nunca aprendí a validarme sin comparación.Porque siempre hubo alguien “más preparado”. Porque asocié valor con visibilidad.
Y la visibilidad no es conocimiento.
Es tiempo.
Es constancia.
Es atreverse.
Es confiar en lo que ya sabes, y en tiu capacidad de seguir aprendiendo si lo necesitas . Aprender cómo confiar en tu propio conocimiento es un proceso que no suele enseñarse, pero se puede entrenar.
Quizá no llego tarde
Quizá simplemente estoy empezando a mirarme desde otro lugar.
Un lugar más honesto.
Menos exigente.
Más real.
No desde lo que debería saber,sino desde lo que ya sé y he vivido.
Una verdad que empiezo a aceptar
No necesito saberlo todo para aportar.
No necesito ser la mejor para ser útil.
No necesito años de visibilidad para tener valor.
Solo necesito dejar de pedirme permiso.
Si tú también dudas
Tal vez no es que no sepas suficiente.Tal vez es que llevas demasiado tiempo sin reconocerte.
Y eso también se aprende. Poco a poco. Con miedo. Pero con verdad.
Si este texto te ha resonado, quizá no sea casualidad.
En mi newsletter comparto reflexiones como esta, sin filtros ni fórmulas,
sobre duda, proceso y aprender a confiar en lo que sabemos.
Puedes dejar tu email aquí y leerme cuando lo necesites.