Ese cliente que parecía encantado y no ha vuelto. Ese lanzamiento que preparaste durante semanas y que vendió tres plazas. O ninguna.
Y esa vocecita que aparece a las once de la noche, cuando ya has cerrado el portátil: ¿y si me estoy equivocando?
Si estás ahí ahora mismo, este artículo es para ti. No te voy a decir que todo pasa por algo ni que mañana saldrá el sol. Te voy a contar qué hacer con ese momento, para que no te lleve por delante a ti ni a tu negocio.
Primero, permítetelo
Emprender no es tan instagrameable como nos lo cuentan.
En redes ves el lanzamiento que petó, el testimonio bonito y la foto con el portátil y el café en una terraza. Lo que no ves son los meses flojos, los mensajes que nadie contesta o los días en que te planteas volver a buscar un trabajo por cuenta ajena.
Y eso también es tener un negocio. Hay momentos buenísimos y momentos que pesan, y las dos cosas son verdad a la vez.
Sentir desánimo no significa que no valgas para esto. Significa que te importa. Lo peligroso no es sentirlo. Lo peligroso es tomar decisiones desde ahí.
Así que antes de buscar soluciones, date permiso para estar como estás. Sin culpa y sin disfrazarlo de positividad. Desde ahí, con la cabeza un poco más tranquila, ya podemos trabajar.
4 herramientas para remontar cuando el negocio no tira
Estas son las cuatro cosas que hago yo, y que trabajo con las mujeres que acompaño, cuando llega uno de estos momentos.
1. Separa el hecho de la historia
Cuando algo no sale, tu cabeza hace dos cosas a la vez: registra lo que ha pasado y le añade una historia encima.
El hecho es que esta clienta no ha renovado. La historia es que no soy buena en lo que hago, nadie me va a pagar y esto no funciona.
Coge un papel y haz dos columnas: lo que ha pasado y lo que me estoy contando. Vas a ver que la segunda es mucho más larga que la primera, y que casi nada de lo que pone ahí lo puedes demostrar.
2. Mira los números, no la sensación
Esta es la parte de negocio, y es la que más se nos olvida cuando estamos tocadas.
Un mes malo no es un negocio malo. Abre tus números de los últimos tres o seis meses: cuántas clientas has tenido, cuánto has facturado y de dónde vinieron.
Muchas veces la sensación dice todo va fatal y los números dicen ha bajado un mes, pero la tendencia sigue ahí. Y si los números confirman que algo no funciona, mejor: ya no es un miedo, es un dato. Y con un dato se puede trabajar.
3. Pregunta. De verdad.
A esa clienta que no repitió, o a esa persona que te pidió información y desapareció, pregúntale.
No para convencerla, sino para entender. Algo tan sencillo como: «Me encantaría saber qué te faltó o qué te frenó. Me ayuda a mejorar.»
Te sorprendería saber cuántas veces la respuesta no es no me gustó lo que haces, sino no era el momento, no lo entendí bien o no sabía cuál era el siguiente paso. Y todo eso tiene solución.
4. No decidas en el bajón
Mi regla es esta: en un día malo no se toman decisiones grandes. Ni cerrar el negocio, ni bajar precios, ni cambiar todo tu enfoque.
Date 72 horas. Cuida lo básico, duerme y habla con alguien. Cuando la cabeza esté más fría, vuelve a mirar el problema con las tres herramientas anteriores.
Las mejores decisiones de mi negocio no las he tomado llorando a las once de la noche. Las he tomado un martes por la mañana, con un café y los números delante.
Emprender sola no significa pensar sola
Estos momentos se atraviesan mucho mejor acompañada.
Muchas veces no te falta capacidad. Te falta alguien que mire tu negocio desde fuera, con cariño pero sin paños calientes, y te diga: esto es ruido, esto es real y por aquí sigues.
Eso es lo que hago. Acompaño a mujeres que han construido un negocio a partir de su conocimiento, para que no lo abandonen en el primer bache y lo dirijan con estrategia. No te motivo, te doy dirección.
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Si hoy es un día malo, recuerda que es un día. No es tu negocio.